La canción del navegante

17 mayo 2009

Azul

Filed under: Textos — quieroserpoeta @ 11:51 pm
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Belleza celestial

Azul los cielos, los mares, el agua de los ríos y el millar de relámpagos que vestidos de coral y zafiro desprenden tus pupilas. De la energía de una supernova te vistes, sol de amanecer refulgente que guarda bajo su pelo las estrellas de la noche, aquellas que coronan la vía láctea. Cada palmo del suelo pugna por sentir el tacto de tus tacones y hasta las motas de poI vo se apartan para no empañar en modo alguno tu sempiterna belleza. Cuando tu pintalabios roza tu boca surge una música invisible, ecos de todas las sinfonías que no pudieron componer ni Mozart ni Beethoven. Tu ser irradia una luz tan pura que las bombillas, los tubos fluorescentes y las lámparas de neón te rinden pleitesía en secreto e incluso las luciérnagas de medio mundo y las hadas de todos los cuentos escritos y por escribir te han coronado como su reina, su emperatriz.

Los eruditos han determinado que en la narración del Génesis hubo un error: al séptimo día no descansó Dios sino que usó el primer albor para engendrar la más perfecta de sus creaciones, aquella en cuyas venas durmiera la fuerza de un millón de volcanes y en cuya mirada pudiera oírse el canto de ángeles y arcángeles al unísono, la obra que sería el culmen de la feminidad, la quintaesencia de la palabra ‘mujer’ en toda su magnificencia. Tú eres el episodio perdido de la Biblia, la pieza clave en el origen del Universo: tu omnipresencia de semidiosa es la prueba.

Antes había un grupo de hombres que calmaban las inquietudes de su espíritu escribiendo poemas; antes existía la poesía, luego naciste tú y los versos redactados hasta la fecha se resquebrajaron: ninguno, ni pasado ni futuro, podía hacerte la más mínima justicia. Bécquer dibujó tu azul con su pluma, Salinas quiso cantarte pero fracasó, Neruda posó su pensamiento en ti y Hernández desgarró su alma buscándote: eres el santo grial de los poetas y allá donde vayas ellos dedicarán sus voces a tu hermosura.

No sólo los lápices pronuncian furtivamente tu nombre, también lo hacen los pinceles, los cuadros y el mármol de las estatuas. Se dice que la Mona Lisa ya no sonríe, ha cambiado su gesto por otro de enfado y furia: tu sonrisa guarda más y mejores misterios, es más bella, más risueña. Una sonrisa de tus labios desprende oro, rubíes y diamantes, muestra una casa de mil espejos blanquecinos donde cualquier hombre querría verse reflejado. Tu sonrisa huele a azahar y produce en los ojos una suave brisa de tarde de primavera.

Deidad humana de lozanía y juventud; miel, pétalos de rosas y las mil y una noches ocultas en tus besos; caricias, encajes y sedas orientales en el vaivén de tus pestañas; tronar de cañones y clamor de espadas en tu piel. De azul perfecto tus ojos, así eres, así te veo yo.

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