La canción del navegante

1 diciembre 2008

Real (Imposible 2)

Filed under: Textos — quieroserpoeta @ 3:46 am
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Últimos rayos de sol al atardecer

“No sé cuánto tiempo llevo aquí, en esta cima congelada. Ya he intentado miles de veces romper a golpes las estalactitas que cierran mi prisión y todos los esfuerzos han sido en vano. Sé que pasaré el resto de mi eternidad confinado en este minúsculo espacio, repasando los viejos recuerdos de cuando amé. Fui engendrado demonio, éste es mi destino.”

La masa informe se deslizaba sobre el suelo en pequeños círculos y la luz mortecina de la entrada de la cueva producía en su superficie destellos metálicos que se elevaban hasta el techo helado. Afuera el horizonte se vestía de estancas nubes grisáceas y a través de los gélidos barrotes no era posible apreciar nada más. El suelo de la cueva estaba cubierto de un polvo espeso y ennegrecido; se rumoreaba que los superiores eran los maestros del fuego mientras los simples demonios se congelaban de frío en las zonas periféricas del Infierno; también se decía que mucho antes de ser habilitada la montaña como cárcel habían sido abrasados en su cima los demonios más rebeldes ante las carcajadas de los superiores de mayor rango. Fuesen ciertos o no los rumores el hecho de permanecer allí encerrado resultaba una agonía lenta.

En el centro de la estancia comenzó a soplar un viento procedente de ninguna parte y el ser, extrañado, dejó de pasear. El viento formó un oscuro remolino de polvo, el cual de repente se transformó en una luz blanca, pura y a la vez cegadora. Una voz surgió de ella: “Sígueme”.

*    *    *

Aquella era una tarde de Mayo excelente: el cielo estaba despejado, hacía algo de calor y las terrazas de bares y pubs estaban a rebosar. En el parque colindante a la avenida los niños jugaban mientras sus madres hablaban unas con otras, sentadas en los bancos más cercanos a la zona de juegos infantiles. En esa zona del parque una mujer de apenas treinta años estaba sentada sola y leía un libro. Abstraída en la lectura no reparó en el hombre alto que se había detenido justo delante de ella. Con cierta vergüenza levantó la vista, muy de soslayo, para luego clavar sus ojos sobre la cara de él, sorprendida.

–    ¡Tú!
–    Hola – respondió el hombre, esbozando una sonrisa.

Era él, su viejo amor de juventud, cuando todavía era ella estudiante y apenas sabía de la vida. La última vez que lo vio fue hace unos ocho o nueve años; sin embargo él seguía igual, no había envejecido nada o por lo menos no lo aparentaba. Ella era consciente del paso del tiempo y de sus efectos: cuando sonreía mostraba alguna pequeña arruga y su piel no era ya tan fresca y lozana como antaño. Pero él, sin entradas, sin arrugas, sin canas ni tirantez en el rostro parecía un fantasma, una imagen que se había fugado de algún rincón de su pasado.

–    ¿Puedo sentarme? – preguntó el hombre, señalando al espacio libre que había en el banco.
–    Sí, sí…claro. – El nerviosismo de la mujer era evidente.

Ella cerró el libro con pulso tembloroso y lo sostuvo sobre sus piernas, recobrando por segundos la conciencia de un sentimiento soterrado por cientos de vivencias posteriores. Se vio a sí misma paseando con él, años atrás, recorriendo las calles e hilvanando para sí planes de un futuro juntos que jamás tomó forma. Él se sentó a su lado y calló, sonriendo y mirando alrededor como quien se siente parte de un cuadro: la luz del atardecer, los niños, la brisa…y ella. La mujer detuvo su mente en el momento más amargo de todos, el de la ruptura, y con voz llena de tristeza y rencor sentenció:

–    Fuiste un cobarde. Me dejaste por teléfono, no tuviste lo que hay que tener para decírmelo a la cara. ¿Por qué?

La sonrisa se esfumó del rostro del hombre. Era cierto, la dejó por teléfono, pero ¿cómo decirle el motivo? Aquella tarde perdida en la memoria se habían citado en la entrada de ese mismo parque. De camino él notó una extraña presencia sobre sí, un calor sofocante, propio de otra dimensión: le habían descubierto, sabía que iban a por él; huir era inútil, cualquiera de sus superiores le encontraría tarde o temprano; lo más probable es que ya no volvería a verla más. ¿Qué hacer?, ¿qué decisión tomar en ese momento? Corrió hasta una cabina de teléfonos cercana, la llamó a toda prisa y con todo el dolor de su metálico corazón le dijo que tenía que irse muy lejos y que lo mejor para ambos era cortar. Ella no tuvo tiempo de objetar nada porque tras decir él esas frases se abrió el suelo bajo sus pies y una enorme llamarada lo engulló, siendo el auricular el único testigo del injusto final a algo que quiso ser y no fue.

–    Lo siento, créeme que lo siento de veras. Tenía que irme, no ya por mí, me obligaron a hacerlo.
–    ¿Quiénes, quiénes te obligaron? – objetó ella, dejando entrever una mezcla de indignación y pena.
–    Es…complicado de explicar. – él hizo una pausa y continuó – Ya no importa. ¿Qué es de tu vida ahora?
–    Tuve otras relaciones posteriores pero no funcionaron. Casi a los dos años de que me dejaras conocí al que es hoy día mi marido. Trabajo de profesora y en general me va muy bien. Soy muy feliz.

Ella pronunció la última frase con un poso de amargura. Era verdad, estaba felizmente casada y su vida transcurría con total tranquilidad. No obstante de vez en cuando recordaba a su primer gran amor y se preguntaba qué habría pasado si no se hubiera marchado así, sin más. Ahora que por fin se reencontraban todo era distinto, más inesperado, más real.

Él sintió una punzada en sus entrañas al escuchar lo bien que estaba ella sin él, como si nunca hubieran estado enamorados. La quiso muchísimo y lo pagó bien caro, pudriéndose en lo alto de una montaña albergada en el lugar más miserable del Infierno. El lugar que él soñaba ahora lo ocupaba otro humano, un desconocido que ni de lejos había arriesgado tanto por ella. Él había provocado esta situación, cargó con la culpa y quedó como un impresentable para que ella encontrase a otra persona que pudiera darle lo que él no pudo. Su plan improvisado tuvo éxito mas la certeza de ver que el amor que compartieron perteneciera ya al pasado lo aniquilaba por dentro.

–    A mí no me ha ido tan bien como a ti. De todas maneras no puedo quejarme – era mejor callar.

A varios metros un crío se montó en uno de los columpios y empezó a balancearse cada vez más alto. Excitado por la emoción comenzó a reclamar la atención de su madre:

–    ¡Mamá, mira lo alto que llego! ¡Mamáaaaa, miraaaaaa!
–    ¡Ezequiel, ten cuidado, no te vayas a caer! ¡No te balancees tanto! – gritó la mujer, levantándose y dejando el libro a un lado.
–    ¿Ezequiel? – dijo él, petrificado de la sorpresa. Ella se giró y su mirada asentía lo que él pensaba.

El día que se conocieron él se presentó ante ella utilizando el mismo nombre. Un demonio y una humana jamás tendrían descendencia así que ese niño era hijo de ella y de su marido. Y llevaba su nombre. No cabía duda alguna: ella, a pesar del tiempo transcurrido, a pesar de la distancia, no le había olvidado y por ese motivo quiso tenerlo presente en la persona de su hijo.

El niño bajó del columpio y entre risas y gritos se fue corriendo adonde estaban los otros niños. El hombre, reconfortado ante la evidencia, dijo a la mujer:

–    Ven, siéntate.

Ella le hizo caso y se sentó con lentitud. Estuvieron callados unos minutos y no se dijeron nada más. Él cogió la mano de ella y la estrechó. La mujer no opuso resistencia, es más, apretó la mano de él con fuerza. Por fin estaban juntos de nuevo.

Una voz retumbó en el interior de la cabeza del hombre:

–    Hemos de irnos ya. Debes volver a la cueva, es muy peligroso que estés tanto tiempo fuera.
–    Dame un poco más de tiempo, Gabriel. He soñado tanto este momento que no quiero irme sin disfrutarlo lo suficiente – respondió mentalmente el hombre.
–    Vale, un poco más, pero que sepas que ya me reclaman en el Cielo y que debes devolverme el cordón de Ezequiel. Ya me dijo él que lo perdió en la última batalla del Perímetro y que en la retirada vio a un demonio menor recogerlo. Lo que yo no sospechaba era el efecto que iba a producir en ti la esencia divina del cordón – objetó la voz.
–    Ni yo tampoco. Cuando se lo des dale las gracias de mi parte.
–    Un arcángel ayudando a un demonio. A quién se le diga… Luego vuelvo a por ti. – la voz se silenció.

Ella se arrimó y posó su cabeza en el hombro de él. Era muy probable que los superiores descubrieran esta nueva fuga y que el castigo que le impusiesen no fuera ya el cautiverio sino algo peor. A él no le importaba, ya no le importaba: el estar los dos juntos y el saber que ella todavía le seguía queriendo bien merecía lo que después le deparara el destino.

Caía la tarde, el sol comenzaba a ocultarse y los edificios se teñían de naranja, contrastados por el fondo de cielo azul. Allí, estrechando la mano de su antigua amada y por primera vez en toda su existencia nuestro demonio se sintió completamente feliz.

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23 comentarios »

  1. Segunda parte y el final de la historia del demonio enamorado, el Infierno helado y todos sus personajes. Espero que os haya gustado al menos la mitad de lo que yo he disfrutado escribiéndolo.

    Saludos a ellos y besos a ellas.

    Comentario por quieroserpoeta — 1 diciembre 2008 @ 3:48 am

  2. Me gusto mucho la manera en que narras la historia. Me entusiasmo pero también me entristeció. Hay amores que se llevan guardados en la memoria del corazón, esos amores que no fueron…… son los que más eco dejan. También son los que más duelen, y los que más se extrañan. Dicen.

    Que tengas un bonito dia.

    Comentario por artemiza — 1 diciembre 2008 @ 7:07 am

  3. Una pregunta: ¿Ezequiel, estaba encarcelado? Por eso no pudo realizar o formalizar la relación con la muchacha? Si esa es la razón, se entiende que estuviera lejos. Pero siempre es mejor decir la verdad, estoy segura que ella hubiera esperado, o no sé, algo hubiera hecho por él. Hay amores que vencen todo obstáculo. Me dejas pensando.

    Comentario por artemiza — 1 diciembre 2008 @ 7:15 am

  4. No lo entiendo.

    Comentario por S. — 1 diciembre 2008 @ 9:21 am

  5. GUAAAAAUUUUU!!!!! a ver si leo la otra parte que me la he perdido pero esta…. me ha puesto los pelillos de punta y no ha sido por el frio.

    Comentario por CASIOPEA — 1 diciembre 2008 @ 1:58 pm

  6. Hola. Cuando leí hace unas semanas (o cuando fuera) la primera parte de la historia, se me quedó un poco coja, así que agradezco el final. Me ha molado. Sólo que lo del cordón de Ezequiel reconozco que me ha dejado un poco descolocada, así que si lo explicas pues te lo agradecería. Una, que es corta 😉

    Comentario por Natalia — 1 diciembre 2008 @ 4:20 pm

  7. La primera parte de la historia me gustó, esperaba una segunda. Ahora he de decir que bajo mi gusto, la segunda ha superado a la primera (para contradecir un poco a los refranes), y sería genial poder leer una tercera…
    Lo dicho, espero que siga 😉

    Comentario por atlanthis — 1 diciembre 2008 @ 6:15 pm

  8. Vale, supongo que me he pasado con las elipsis. El demonio protagonista no tiene nombre y en una batalla con los ángeles encontró un cordón perteneciente al arcángel Ezequiel. La esencia del cordón fue la que le hizo replantearse su destino demoníaco y el querer probar el mundo de los humanos. En sus viajes con apariencia humana utilizó como nombre propio el del arcángel ya que no tenía otro más a mano.

    Admito que me he centrado más en los detalles que en los hechos claves. De todas maneras lo que importa es el mensaje: que los sentimientos no entienden ni de condenas, ni de distancia, ni de parejas posteriores ni de todos esos convencionalismos sociales. Se sienten o no, no hay más.

    Comentario por quieroserpoeta — 1 diciembre 2008 @ 7:11 pm

  9. Pues vaya cobarde que está hecho el tal demonio.

    Comentario por S. — 2 diciembre 2008 @ 8:37 am

  10. No sé, me hubiera gustado que Ezequiel Junior fuera su hijo… ¿lo es?

    Estuve metida en la historia, me gustó mucho el ambiente en el que se desenvuelven los personajes.
    Y el diablo bueno y enamorado…

    Saludos

    Comentario por Coro — 2 diciembre 2008 @ 3:52 pm

  11. El entorno, la detallada descripción, los contrastes y por supuesto esa historia de amores ¿imposibles?… todo forma un conjunto tan completo, me sonó tremendamente metafórico. La figura del diablo es simplemente fantástica con ese perfil que le has dado… Parece que estoy haciendo la crítica literaria jajaj xD pero realmente me parece espléndido, aún tengo que procesarlo y probablemente releerlo, tiene muchísimos detalles, algunos tan poéticos…

    Magnífica la relación arcángel-demonio.

    Un abrazo ^^

    Comentario por azulperfecto — 2 diciembre 2008 @ 11:56 pm

  12. S.: Es un demonio, no un santo. Además, ¿habrá algo más humano que errar?

    Coro: El niño no es hijo del protagonista aunque lleve el nombre que ella cree que tiene. Tampoco quería añadirle al relato el dramatismo de un hijo de padre desconocido.

    Azulperfecto: Gracias por los elogios y suerte con tus proezas. Sigo atento a tus avances.

    Se ve que me he dejado muchos detalles en el tintero por no querer escribir dos páginas más. Pido disculpas.

    Abrazos en cantidades industriales a los lectores y lectoras.

    Comentario por quieroserpoeta — 3 diciembre 2008 @ 4:29 am

  13. Pues para ser un demonio es bastante cobarde,tanto esperar para qué?Cuando ella ha rehecho su vida viene el como el perro del hortelano,ni come ni dejar comer,habertelo pensao antes!cobarde!de verdad la quería tanto?
    Porque él vale,”se pudrió en lo alto de una montaña albergada en el lugar más miserable del Infierno”pero quien dice que ella no vivió en el mismo infierno?
    Bueno…hoy estoy un poco guerrera,un beso

    Comentario por S. — 3 diciembre 2008 @ 10:54 am

  14. Hermoso final, aunque no sé si Hermoso es la palabra idonea para definirlo..

    saludos..

    Comentario por jordim — 3 diciembre 2008 @ 4:17 pm

  15. S.: ¡Qué te habrá hecho a ti el pobre demonio? Cuida ese carácter, no sea que te dé un yuyu 🙂

    Jordim: Amargo, triste, hermoso, esperanzado… Un poco de todo, como la vida misma.

    ¡Feliz puente a tod@s!

    Comentario por quieroserpoeta — 5 diciembre 2008 @ 2:58 am

  16. Mi carácter es domable con las armas adecuadas cielo. 😉

    Comentario por S. — 5 diciembre 2008 @ 9:06 am

  17. Hola Navegante!!

    Me encanta leer tus relatos… este escrito ha sido precioso, muy romántico 🙂

    Espero la continuación!!

    Besitos y fuen finde!!
    Eva

    Comentario por Artemisa — 6 diciembre 2008 @ 12:17 am

  18. Realmente estupendo.

    Comentario por Agustín Velasco — 10 diciembre 2008 @ 11:01 am

  19. Me ha encantado ……. Como siempre…

    Saludos poeta.

    Comentario por eigual — 10 diciembre 2008 @ 2:39 pm

  20. Hola!

    Hey, ¿como estas?.. ¿cuando nos regalas mas poesia?
    Escribes muy bien, me gusta.

    Cuidate.

    Comentario por artemiza — 11 diciembre 2008 @ 6:34 am

  21. S.: Contigo me siento desarmado jejejeje.

    Artemisa: No creo que haya una continuación como tal si bien a lo mejor alguna precuela. Ya veremos.

    Agustín: ¡Hombre, un nuevo inquilino! Sea usted bienvenido. Mil gracias por sus elogios.

    Eigual: ‘Asias jefa’. A ver si me dejo caer por tu rincón particular, que ando algo disperso estos últimos días.

    Como ya he comentado llevo un par de semanas prófugo del mundillo blog por estar bastante ocupado con asuntos personales. A ver si tengo un hueco para pensar algo y actualizar el blog (y visitar los vuestros).

    Gracias a todas las personas que han preguntado por mí (ya sea aquí o por e-mail). Os debo la vida.

    Comentario por quieroserpoeta — 12 diciembre 2008 @ 12:25 am

  22. Ya me parecía raro que llevaras tanto sin escribir, al menos me alegro de tus intenciones de volver por aquí y regalarnos palabras, aunque con paciencia: Primero la vida y cuando se pueda, pues el blog. Te esperamos 🙂

    Un abrazo ^^

    Comentario por azulperfecto — 13 diciembre 2008 @ 9:16 pm

  23. mm, ser feliz tiene un precio, o directamente no se puede..

    Comentario por Jordi M. Novas — 16 diciembre 2008 @ 5:58 pm


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