La canción del navegante

22 octubre 2008

Recuerdos

Filed under: Reflexiones — quieroserpoeta @ 5:17 am
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Ojos negros, profundos, radiantes. Pelo rubio rizado, rasgos de niña de no haber roto un plato jamás y una sonrisa que cortaba la respiración. Quince motivos en su haber para rendirse a sus encantos.

La conocí en la fiesta de Navidad de la cual ambos formábamos parte, allá por el 96. Por entonces era un crío de dieciséis años que empezaba a frecuentar ‘botellones’ y discotecas (afición que mantengo en la actualidad, dicho sea de paso). Tres meses antes de conocerla un compañero de mi clase me invitó a salir el sábado de esa misma semana con su grupo de amigos. Con mi timidez característica decidí iniciarme en eso que  llamaban ‘la noche’, le eché valor y salí. La experiencia fue muy positiva: hice con el tiempo grandes ‘colegas’, me integré en su grupo y participé con ellos en el alquiler de una casa vieja donde íbamos a pasar las Navidades entre copa y copa (por aquella época era costumbre entre los de nuestra edad).

Me la presentó el compañero de instituto del que ya os he hablado. Resultaba que eran primos, de ese detalle me enteré más adelante. El caso es que trago tras trago terminé acompañando a ella y a su amiga de vuelta a casa, resguardándonos de la lluvia que caía esa madrugada bajo un paraguas raído. No era de ninguna de ellas, lo ‘tomaron prestado’ de un  amigo mío que iba detrás nuestra, mojándose y acordándose de nuestros respectivos familiares (lógico, por otra parte). Mi sentido del humor para con ellas tuvo su premio: “¡qué bien me caes!”, me dijo ella, arqueando una magnífica sonrisa. Esa frase me sonó a música celestial.

Cuando la conocí yo ya estaba enamorado de otra chica de mi clase. Llevaba escribiéndole poemas desde el verano, palabras que al final terminaban en ninguna parte, quizás en el fondo de un cajón, criando polvo y exilio. Los escribía de madrugada, sin saber bien de qué me serviría. Sabía que no tenía posibilidades de intimar con ella, que mis esfuerzos nunca se verían recompensados: mi compañera de clase tenía novio, desde hacía años. No había nada que hacer. Enamorado, sí, pero platónicamente.

La joven de los ojos bonitos comenzó en Navidad a salir con ‘el guapo’ del grupo. Se dejaba ver por el instituto en los recreos. Sin embargo estaba la mayor parte del tiempo o paseando con una amiga suya o con su pareja, entre los setos del pequeño jardín o sentados y apoyados sobre una pared cualquiera del recinto. Nos saludábamos, pero poco más. Cuando charlábamos más era los fines de semana, casi siempre en el ‘botellón’: risas, bromas y muy buen ambiente, cosas de la edad y la ilusión por la vida.

Segundo a segundo comprendí que era imposible que no me fijase en ella; era imposible que no la contemplase como a lo más bello del universo si estaba a pocos metros de mí; y cuando no estaba era imposible que no pensase en ella. En definitiva, era imposible que no me enamorase como lo hice, como lo hace alguien que ama con todo su ser: sin condiciones, sin oposición.

Mi intuición no me falló: a principio de Febrero del 97 rompió con su pareja. En el grupo de amigos los chicos y las chicas salían y dejaban de salir con una facilidad pasmosa: ésta no fue una excepción. Era mi oportunidad. Ahora sí podía decir lo que sentía, ahora sí era libre de acercarme, era libre para sacar a la luz los sentimientos que ella despertaba en mi interior. Pero la pregunta era: ¿cómo?

Vi el calendario: San Valentín estaba próximo. El día de los regalos y las rosas, el día de las cartas anónimas, el día del ‘me gustas’ y del ‘te quiero’: ese era mi día.

Una bala de plata, una bien pulida, perfecta, preparada para ser certera; cupido y la mejor de sus flechas plasmada en papel; mis sentimientos impresos como gotas de rocío sobre una ventana al amanecer; mi alma hecha poema. Pero no uno cualquiera, no: el mejor, uno grande entre los grandes, único entre todos los que había escrito.

Me puse manos a la obra. Cada día dedicaba largo rato a pensarlo y componerlo: “empiezo así…no, no me convence; lo cambio por esto otro…tampoco, suena falso; a ver qué tal queda esto…sí, mucho mejor”. En tres o cuatro días (y alguna que otra madrugada) tuve listo la más poderosa de mis armas de seducción. Estaba orgulloso del acabado. No podía fallar.

Metí el poema en un sobre y lo guardé hasta el día clave. Dudé entre ponerle nombre o dejarlo como anónimo. Al final decidí no poner remitente, actuar como admirador secreto, para darle más emoción y que sintiera curiosidad. Craso error.

Cuando ese día llegó lo eché a primera hora de la mañana al buzón que habían habilitado los de delegación de alumnos a tal efecto (no me acuerdo si eran de delegación o a qué asociación pertenecían). A mediodía repartieron los sobres y las rosas clase por clase. Seguro que le llegaría, seguro que sus manos suaves y delicadas iban a rozar el papel y mis letras, seguro que le encantaría.

La siguiente vez que hablé con ella no comentó nada del poema. Decía que había recibido alguna felicitación de sus amigas pero nada más. Gran decepción, quedé desolado: ¿adonde habría ido el sobre? ¿le habría llegado? ¿o era una excusa y sabía que yo lo había enviado? No, no puse nombre, no puede saber que es mío.

Los días pasaron. Yo comencé a tomar el camino de vuelta a casa que pasaba al lado de la casa de ella, para intentar coincidir al salir de las clases y conseguir así más amistad. A veces la pillaba pero otras no: apretaba el paso sin que yo pudiera alcanzarla. Volvió con su antiguo novio. Además, los fines de semana empezó distanciarse de mí, como a rehuirme. Al principio creía que eran imaginaciones mías. No lo eran: un mes después de San Valentín apenas sí me saludaba.

Era evidente que había recibido el poema y que tras leerlo concluyó que lo había mandado yo. Podría secar mares enteros de tinta intentado expresar lo que me dolió su desprecio: era cruel, era inhumano, era horrible. Punzaba y me asfixiaba. Una y mil veces me preguntaba en qué me había equivocado. Sufrí, vaya si sufrí.

Cuando llegó el verano del 97 ella volvía a estar sin pareja. Me comentaron que su ex-novio había pasado un calvario saliendo con ella: infantil, caprichosa, maleducada, con pésimo carácter y egoísta hasta límites insospechados, así la definía él. Lo más divertido es que la opinión del joven la secundaban otros chicos del grupo con los que había tenido problemas y la práctica totalidad de sus amigas: se había peleado con casi todas, una por una. Terminaron por echarla del grupo, arrastrando consigo a la única amiga que le quedaba.

Como reza el dicho: “no hay peor ciego que el que no quiere ver”. Jugué mi corazón al número equivocado y perdí. Lo pagué bien caro, puedo asegurarlo.

No todo fue negativo en esta historia: una noche de ese mismo verano estaba yo sentado en las escaleras de la plaza del pueblo con más amigos míos. Ella estaba sentada a pocos metros de mí, con la amiga que le quedaba y un par de chicos mayores con los cuales empezaban a juntarse. Yo conocía a uno de ellos y por eso seguía su conversación a medias. No recuerdo bien por qué fue, el caso es que ella se dirigió a mí y me dijo algo. La oí pero no la entendí por completo. Le dije que si podía repetirlo, que no me había enterado de toda la frase, a lo que ella respondió que no, que daba igual, que no tenía importancia. Me quedé pensativo, intentado recordar qué era lo que me había dicho. A los pocos segundos recordé la frase en su totalidad:

“Tú eres un poeta

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14 comentarios »

  1. La historia será triste pero ha sido un verdadero placer rescatar el poema para vosotr@s. Ahora tiene vida propia y eso es mucho.

    Un amor de juventud, otro de tantos. Siempre es agradable reconciliarse con el pasado.

    Por cierto, la categoría de “blog personal” la tengo decidida, PERO LAS DEMÁS NO. Acepto sugerencias. Y si añadís algún que otro voto al que me han dado ya (en la categoría “de ficción”, me permito recordarlo) me haríais bien feliz.

    Atentamente vuestro, este aprendiz de poeta.

    Comentario por quieroserpoeta — 22 octubre 2008 @ 5:22 am

  2. Y mil millones de gracias a quien me haya votado. Es un diamante grande como una montaña.

    Comentario por quieroserpoeta — 22 octubre 2008 @ 5:23 am

  3. Tienes buenos y muy intensos sentimientos. Además, mucha creatividad e imaginación. Te trasmites bien, muy bien.

    Me parece inteligente tu decisión de cambiar de categoría a tu blog. Cuenta con mi voto.

    Felicidades por tus letras!!!

    Comentario por artemiza — 22 octubre 2008 @ 6:52 am

  4. Me dan ganas de acurrucarte…
    Las historias de amor no tienen porqué ser tan tristes.
    Siempre arriesgarse puede llevar a caminos tortuosos pero si no lo haces…nunca sabrás que escondía aquello que anhelabas.

    Comentario por S. — 22 octubre 2008 @ 9:45 am

  5. Hola. Es la primera vez que paso por aquí y me ha gustado la historia. Sobre todo por cómo está contada. Un saludo.

    Comentario por Natalia — 22 octubre 2008 @ 2:23 pm

  6. “Podría secar mares enteros de tinta intentado expresar lo que me dolió su desprecio”.
    Sentencia de derrota asumida, me recuerda que no está perdido aquello que no fue. Tan solo inspiración … tan sólo imaginación ¿quizás?
    Podíais dejar las cosas mal, pasar o arreglarlas…, a mi me gusta vuestra opción.
    Quem nunc amabis?; Quis esse diceres?; Quem basiabis?; Qui Labela mordebis?
    Mentes en blanco, corazones al rojo vivo, recuerdos de un negro brillante y un futuro que teme ser de color verde…
    Me ha encantado tu historia, muy cercana y verosímil. Está visto que los finales felices caminan hacia el aroma imprevisible de los enfermos del alma.
    Saludos y suerte.

    Comentario por Invisible... — 22 octubre 2008 @ 5:11 pm

  7. A veces es un gran error escondernos detrás de un anónimo pensando que así no podrán hacernos daño.

    Gran historia, encantado de descubirte.

    Comentario por turistaentupelo — 22 octubre 2008 @ 7:34 pm

  8. Se ve que la historia detrás del poema ha despertado interés. Dejo bien claro que todo lo que detallo en este post es verídico, hasta la frase final. Fue un pequeño consuelo tras meses de desamor.

    Respondo uno por uno:

    Artemiza: tu voto no tiene precio. Gracias por tu apoyo.

    S.: Reflejo la tristeza que sentí en el momento, que fue mucha (nada en comparación con la de otras historias posteriores). Siempre he sido un ingenuo con demasiada fe en las personas. Pero soy así, ¿qué le hago?

    Natalia: Dos saludos para tí. Honor me haces visitándome.

    Invisible: De nuevo digo que ese fracaso, a un alma cándida como la mía con 16 años, sienta como una patada en la nuca. He aprendido muchas cosas del amor a base de desengaños.

    Turistaentupelo: Las mejores historias son las que se ocultan tras la rutina. Vivir es una aventura, las más peligrosa que existe. Bienvenido.

    Comentario por quieroserpoeta — 23 octubre 2008 @ 4:17 am

  9. Hola
    Qué buena historia…
    Me ha gustado tu blog, pero ¿en qué categoría estás participando? Par ir a votarte.

    Te invito a que visites “Intermedio literario” y si te gusta, me votes.
    Categoría de Latinoamericanos.

    Felicidades por tu blog, un saludo.

    Comentario por Coro — 23 octubre 2008 @ 7:05 am

  10. Hola de nuevo… Una pregunta: ¿hay forma de suscribirse a este blog? Es que resulta más cómodo asín. Hasta luego.

    Comentario por Nocturama — 23 octubre 2008 @ 8:59 am

  11. Muchísmas gracias por tu comentario, te respondí a tus cuestiones en mi blog.

    ¿Puedo añadirte a mi BlogRoll?

    (En mi blog, Turistas de Ida Y Vuelta)

    Comentario por turistaentupelo — 23 octubre 2008 @ 12:07 pm

  12. Como comprenderás, me siento bien reflejado en tu historia, tiene puntos en común con lo que yo viví, aunque en apariencia sean historias tan distintas. Pero en ambas hay una persona que siente con intensidad y otra que no le corresponde. La verdad es que el no aprecio es un duro golpe siempre, y más cuando viene de una persona que te importa o por la que das mucho y no recibes nada.

    Comentario por azulperfecto — 23 octubre 2008 @ 3:33 pm

  13. Hola, pasaba por aquí para echarle un vistazo a los nominados a los premios de 20 minutos. Aunque no estamos participando en el mismo renglón vine a pedir vuestra colaboración, solo pido un voto que no enriquece ni empobrece a nadie, claro que pido ese voto siempre y cuando te haya gustado lo que viste al pasar por mi espacio. Si no te gusto lo que viste pues no votes por mí.

    Tremendo blog, un saludo desde Venezuela.

    Andrés Schmucke.

    Comentario por Andrés Schmucke — 24 octubre 2008 @ 1:53 am

  14. Coro: Ya me pasaré por tu blog, tenlo por seguro. Participo en “blogs de ficción”, por lo de las poesías y demás.

    Nocturama: He actualizado el diseño de mi blog añadiendo un enlace al RSS. Está justo debajo de mi e-mail. Con él podrás seguir los cambios de ésta mi humilde morada desde tu lector de noticias preferido.

    Turistaentupelo: ¡POR SUPUESTO! Todo aquel que quiera enlazarme no tiene ni que pedirme permiso. Dependo de las visitas porque, a fin de cuentas, si nadie me lee ¿para qué escribir?

    Azulperfecto: Tenemos muchas cosas en común, créeme. Lo que más me duele no es el hecho de ser rechazado sino que ni siquiera agradeciese el detalle o reconociera haber recibido el sobre (cosa que tras meses sí hizo en un breve lapsus). No es de las historias más tristes que tengo pero el poema sí es de los más elaborados. Sigo atento a tus ‘paranoias’ (como tú las llamas).

    Andrés: ¡Hombre, un lector del otro lado del charco! Si voy a hacerme ‘internasioná’ y todo jejeje. Bienvenido, aquí siempre serás bien recibido. Sobra decir que me pasaré por tu blog y pensaré lo del voto.

    A este paso mi lista de blogs por leer a diario va a seguir creciendo. Voy a necesitar dos vidas para visitarlos todos. ¡Saludos!

    Comentario por quieroserpoeta — 24 octubre 2008 @ 5:46 am


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