La canción del navegante

17 octubre 2008

Hospital, tren, vida

Filed under: Reflexiones — quieroserpoeta @ 4:03 am
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Me sonreía con amabilidad, con esa sonrisa que sólo saben esbozar las personas sencillas, aquellas que miran la vida con estoicismo y esperanza, esa extraña mezcla que hace mucho tiempo se agotó en las grandes ciudades. Su sonrisa se asomaba bajo dos cejas castañas muy pobladas, con alguna que otra caspa visible, y acompañaba cada palabra con un leve vaivén de la cola de caballo con la que recogía su pelo castaño. Me hablaba a mí y mi familia de los males que afectaban a su marido y que le tenían desde hará semanas en una cama de hospital. Yo la observaba de soslayo, tumbado sobre la mía. Me recuperaba de una operación a la que me había sometido ese mismo mediodía y la escuchaba a la vez que maldecía el tener que llevar una sonda metida en una vena de mi muñeca izquierda. Más que dolerme la aguja lo que me dolía era la impotencia de tener que esperar al menos dos días a que me la quitasen. En fin, era por mi bien, no podía quejarme.

El marido enfermo estaba sentado, apoyando la espalda sobre el respaldo inclinado que formaba la cabecera. Era un hombre cercano a la cincuentena, de pelo cano y rizado, coronilla fruto de la edad y barba espesa de varios días. Tenía los ojos saltones y una gigantesca barriga. Era grande, enorme como un oso. No hablaba apenas, se limitaba a hacer comentarios esporádicos mientras sonreía y asentía lo que decía su esposa. Dicho sea de paso, su cama era del mismo modelo que la mía. Según dijo algún que otra enfermera las camas eran nuevas, “de última tecnología”. Bastaba apretar unos botones para que el respaldo se levantase a voluntad. Sin embargo no tenía ninguno que al apretarlo sanaras mágicamente y salieras de allí perfectamente, sin tener que estar ingresado a saber cuanto tiempo. A ver cuando lo inventan.

El discurso de la mujer lo interrumpió una enfermera que vino a lavar al hombre. Mi familia salió de la habitación, se echaron las cortinas y la joven comenzó la tarea. Tras unos minutos dijo que tenía que salir porque se le había olvidado algo, que no tardaría nada. Cerró la puerta y el matrimonio habló por lo bajo. Hubo risas, hubo comentarios, hubo complicidad: hubo amor. Noté ese amor que se procesan los cónyuges tras años de convivencia; ese que no se falsifica, que no se puede ocultar ni debajo de todas las alfombras del mundo; ese que ha llenado páginas de libros, que ha ennegrecido con tinta generaciones enteras de escritores; ese sentimiento que se puede perseguir en mil años y que algunos consiguen encontrarlo: aquellos con bondad, con buen corazón, aquellos de espíritu sereno y abnegado.

Recordé ese viaje en tren que hice hará 6 o 7 meses, un día que volvía de la ciudad al pueblo. Me senté delante de una pareja joven que viajaba con su hijo pequeño. Por su acento no eran españoles sino más bien sudamericanos. Al que más se oía era al supuesto padre del niño que no dejaba de entretenerle tocando con las palmas de las manos y la superficie de la mesita que tenía ante sí una melodía caribeña propia de timbales. No sé adonde iban, no sé a qué se dirigían, pero estaban contentos ambos, padre e hijo, y sus risas, lejos de molestar, impregnaban  el ambiente de sensaciones agradables.

El matrimonio del hospital, el hombre del tren, su hijo  y sus vivencias son música. Es la música de los que nos rodean día tras día, de quienes sin ser importantes ni famosos son imprescindibles; es el son de los granos de arena que forman la playa o de las gotas de agua que trae la lluvia; es la prueba de que en esta vida que nos ha tocado vivir sí hay días soleados y noches de baile perpetuo.

Sé que hay quien los llama “perdedores”, “don nadies”, incluso “subhumanos”. Yo los llamo personas, héroes, guerreros, amazonas, la quintaesencia y razón de ser de nuestra existencia. Son el desafío al consumismo, a los egos exacerbados y al discurso prepotente y envenenado con el que nos machacan los oídos a diario. Son la imagen de la esperanza.

Brindo por ellos.

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13 comentarios »

  1. Con lo sencillo que es vivir y lo complicado que lo hacemos. Si es que somos masoquistas.

    Y al que insulte o vilipendie a las buenas gentes le dedico estas palabras: que te den.

    Comentario por quieroserpoeta — 17 octubre 2008 @ 4:05 am

  2. Es bonito.El amor es imprescindible,por lo menos para mi.
    Y tu poeta?procesas amor no falsificado?

    Comentario por S. — 17 octubre 2008 @ 9:29 am

  3. La mayoría de las personas miramos con desdén a la gente, otras ni quisiera miran a su alrededor, nos molesta aquel que interrumpe nuestro mundo, vivimos demasiado deprisa para ciertas cosas,sin embargo es tan bonito observar y comprender el amor en los demás.

    Comentario por Lirio — 17 octubre 2008 @ 10:56 am

  4. Lirio: Yo llevo meses observando lo que me rodea. Lo hago en silencio, que es como uno se concentra mejor en los detalles. Intento entender dónde estoy, cómo he llegado hasta aquí, qué puedo esperar de los demás y hacia dónde debo encaminar mis pasos. Cada vez estoy más confuso, es buena señal.

    S.: Ahora mismo estoy en punto muerto. Eso sí, mentiría si no admitiera que me acuerdo mucho de mis ex novias. Aunque no volvería con ellas creo que las sigo queriendo, qué le vamos a hacer. Entre cuatro paredes lo que sobran son recuerdos (que se lo digan a Proust).

    Comentario por quieroserpoeta — 18 octubre 2008 @ 3:10 am

  5. No me canso de leerte… aunque es verdad, casi nunca te lo digo..

    Un abrazo.

    Comentario por eigual — 18 octubre 2008 @ 4:34 pm

  6. Buen blog, es para lo unico que sirve los de los veinte cansinos, para encontrar cosas interesantes..

    Comentario por jordim — 19 octubre 2008 @ 2:57 am

  7. eigual: No soy digno de que entres en mi blog pero una palabra tuya servirá para que actualice más a menudo.

    jordim: He estado leyendo tu blog y la verdad, me siento honrado con tu presencia y tus elogios. Sí, me apunté al premio 20 blogs para a ver si captaba más lectores (escribir en un blog y que no te lea ni dios es tristísimo).

    Comentario por quieroserpoeta — 19 octubre 2008 @ 6:20 am

  8. ¿con que nombre esta registrado tu blog, en el concurso?

    Comentario por artemiza — 23 octubre 2008 @ 1:26 am

  9. Búscalo como “la canción del navegante”. Sale en la categoría de ficción.

    Y pásate por aquí cuando quieras, ésta es tu casa.

    Comentario por quieroserpoeta — 23 octubre 2008 @ 1:41 am

  10. Aunque usted no lo crea señor poeta, leerlo despierta cosas. Cosas: conciencias, sentido común, percepción del bien contra el mal, de la bondad de los seres humanos, de un camino hacia la felicidad, ajena y propia.

    Y añado que ver blancura ante tanto gris, música entre tanto ruido, amor ante tanto odio y desprecio, o humildad ante tanta vanidad, es sorprendente y gratificante, vivificante.

    Un saludo.

    Comentario por Anónimono — 24 octubre 2008 @ 9:06 pm

  11. Anónimono: Cada vez más nos rodea la superficialidad y el ansia de poder. Yo veo bien el querer tener mucho dinero (de algo hay que vivir y pagar las facturas). El problema es que la entidad del individuo se está, como diría yo, ‘prostituyendo’ en el camino al éxito profesional y/o económico.

    De vez en cuando conviene mirar en nuestro interior y reivindicar nuestro legítimo derecho a errar, amar, llorar, reír, enfadarnos, etc. Es decir, el derecho inalienable a ser humanos.

    Comentario por quieroserpoeta — 25 octubre 2008 @ 7:30 am

  12. A eso mismo me refiero. Parece que para destacar o conseguir el éxito la gente tiene que ser más cruel, maleducada, insolente, transgresor. Se puede ser transgresor pero sin perder las formas y el buen gusto y sobretodo como mencionas, la humanidad. Sino que diferencia tendríamos de los animales o de una máquina. Reivindiquemos, hagamos uso de lo que nos diferencia, y es precisamente eso, el ser humanos, sociables, amables.

    Yo quizás por mi edad, el estilo de vida que he llevado, etc. soy un poco inocente de la vida y cada vez que veo lo crueles, despotas y sobreto deshumanizados que se ha vuelto la gente, me quedo de piedra. Y precisamente la gente que ha llegado a lo más alto, gente de negocios, famosos, etc.

    Parece que la gente para tener éxito en lo que se considera éxito (tener poder económico, ser un símbolo sexual, o ser lo más sabio e inteligente) han perdido algo en el camino, han sacrificado algo, algo que esta sociedad parece ya no valorar, pero que covierte a estas personas, en los mayores fracasados emocionales. Sin vida social, de matrimonios rotos, de hijos que no les hablan, de gente que les odia o envidia.

    Y menciono todo esto escupiendo hacia arriba porque yo no me salvo de esta crítica. Yo soy igual, vivo en esta sociedad y cada vez voy perdiendo más la inocencia y me vuelvo más mala persona. Y lo sé, y me jode, no veas como me jode.

    Comentario por Anónimono — 25 octubre 2008 @ 2:15 pm

  13. Yo opto por la solución que tomó Henry Miller en su momento: iniciar el viaje a conocerse a uno mismo.

    No eres el único ‘infectado’. Hay montones así, la mayoría. Para colmo los ‘hijos de papá’ que están surgiendo ahora sólo contribuyen a ampliar el problema.

    Que cada uno gaste su sueldo como quiera, pero el de los padres…

    Comentario por quieroserpoeta — 26 octubre 2008 @ 3:41 am


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