La canción del navegante

4 septiembre 2008

Hiperrealidad

Filed under: Reflexiones — quieroserpoeta @ 4:14 am
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Soñé con una enorme habitación blanca, sin puertas ni ventanas. Ante mí yacía una extraña rendija que desprendía luz. Puse sobre ella mi mano y fui absorbido hacia ninguna parte.

Viajé a nuevos mundos, plagados de imágenes y ríos de tinta. Escuché voces declamando las noticias procedentes de los confines del mundo, contemplé escenas que alguien o algo había dejado flotando en la nada, oí música desconocida para mí, recibí mensajes en un sinfín de idiomas y lenguas. Y seguía volando.

Tal era la cantidad de planos y realidades entrelineadas que una vez en una no podía calcular cuántas se podían alcanzar desde ella. Vagué en el sueño sin rumbo prefijado, ilusionado por tan curiosa experiencia.

Sabiduría, más de la que jamás había concebido. Las palabras me rodeaban allá donde fuera, entraban y salían de mis ojos. No retuve ni la enésima parte de los conceptos que me traían. Era un universo de información inabarcable, la nueva biblioteca de Babilonia. Era grandioso.

En mi sueño el tiempo se había congelado. Incluso diría que retrocedía. Era estar en el ojo de un huracán, en primera fila ante un escenario de una verdad  por cada millón de mentiras. Entraba en mí y un segundo después explotaba y me expandía en incontables trozos, uno por dimensión. Y volvía a unirme, más poderoso, más inteligente, muchísimo más reflexivo e imprevisible. La secuencia se repitió sin principio ni fin, como quien recorre un camino en círculos.

Infinitas entidades, todas igual de tangibles. Recuerdo una que perduró en mí tras despertar. Estaba yo, etéreo cual espíritu, en un desierto descomunal, plagado de dunas y montículos. En las cimas veía lo que me atreví a denominar ‘locos’. Después descubrí que no eran tales, sino más bien la cordura materializada en carne y hueso, con un nexo común e imaginario.

Pues bien, cada ‘loco’ declamaba a viva voz sus vivencias, sus pensamientos, lo que se podría definir como su propia filosofía existencial. Hablaban profiriendo párrafos alternados con silencio, un silencio de horas. Algunos recibían respuesta, quizás dos, quizás cien o más. Los ‘locos’ se comunicaban entre sí empleando un código secreto, tan enrevesado como intrigante. Me sentí acompañado por más gente en forma fantasmal, observando a esos raros predicadores con lenguaje propio pero sin credo pactado.

Ahora me vienen a la memoria varios de esos personajes: poetas melancólicos, poetisas con alma de cuento de hadas, aventureros que tras un volante analizaban versos de asfalto, escritoras y cronistas de una sociedad inmadura, etc. Conocí a un hombre miraba con ilusión a los habitantes de la Tierra, a una mujer que hilvanaba su pasado con hilos de plata cual tejedora del olvido, a un ya prófugo aprendiz de psicópata lleno de humor negro y a un ejecutivo sin escrúpulos, sobrado de ironía. Todos entrañables, todos con sus historias, todos tristes o alegres a ratos, siempre tan dispares como interesantes.

Hubo uno que me impactó sobremanera. Estaba rematadamente chiflado. Actuaba como un oráculo sin barba ni ancianidad que avalase su discurso. No dejaba indiferente, hasta divertía la conexión tan dispar de ideas que solía realizar. Entre sus crónicas intercalaba pensamientos incisivos. Evocó en mí algún que otro relato de Chéjov, esos que leí cuando yo era más joven. Parecía un pornográfico clon de Nietzsche que aspiraba más al superpolvo que al superhombre.

“Tú eres un gran libro por redactar”. Lo repetía hasta quedarse afónico. Lo escuché tanto que tuve un ‘déjà vu’ de años vividos. Recordé un lápiz, una libreta cuadriculada, amores platónicos irrealizables. Recordé poemas a una chiquilla enamorada, frases de azúcar para un corazón lozano. Rememoré viejas novelas, ya dentro de un baúl descuidado.

Me desperté del sueño, embriagado de viajes y vivencias nuevas. Me desperté con ganas de escribir, no sé qué, no sé a quién, no sé para qué. Quise retomar los lápices, los bolígrafos y el papel en blanco. Quise también leer, devorar libros que antes me era imposibles de entender. Asalté las bibliotecas, colocando sobre mi escritorio una pequeña torre de hojas impresas y encuadernadas.

A partir de esa vivencia del subconsciente todo se me hizo diferente, real, profundo. Sigo hoy día entre la vigilia y el sueño, buscando respuestas a preguntas que me planteé hará años y que dejé recorriendo ese tortuoso camino que es envejecer.

Cada cierto tiempo vuelvo a visitar a esos ‘locos’ y los animo a seguir vociferando al aire. Lo hago para agradecerles su delirio, tan necesario como gratificante. Por enseñarme a mirar la vida desde millones de perspectivas a la vez: una realidad ampliada, una hiperrealidad subyacente.

Gracias a ellos tengo mi propio montículo, mi oasis particular en el desierto. Gracias a ellos quiero ser poeta.

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8 comentarios »

  1. No sabía muy bien cómo presentar los blogs que más me han influido y aquellos que recomiendo y/o leo con asiduidad. Ya los añadiré como enlaces recomendados.

    Comentario por quieroserpoeta — 4 septiembre 2008 @ 4:16 am

  2. Hola!la verdad es que ezcritor deja mucho que desear, aunque la verdad,da una perspectiva distinta pero necesaria de realidad,un beso.

    Comentario por S. — 4 septiembre 2008 @ 10:06 am

  3. la verdad es que la verdad verdadera es jajaj

    Comentario por S. — 4 septiembre 2008 @ 10:07 am

  4. “la verdad es que la verdad verdadera es”

    Me he quedado de piedra ante tanta profundidad de palabras jejejeje.

    En el mundillo blog nadie es perfecto. Un besote.

    Comentario por quieroserpoeta — 4 septiembre 2008 @ 4:12 pm

  5. Es temer contar en la alta noche las duras campanadas fatales; es ensayar con magia inútil una respiración regular, es la carga de un cuerpo que bruscamente cambia todo de lado, es apretar los párpados, es un estado parecido a la fiebre y que ciertamente no es la vigilia, es pronunciar párrafos leídos hace ya muchos años, es saberse culpable de velar, cuando los otros duermen, es querer hundirse en el sueño y no poder hundirse en el sueño, es el horror de ser y de seguir siendo, es el alba dudosa…

    Tus palabras reivindican el orgullo oculto en tu corazón. Es un odio triste que invade el romper amargo del círculo del resentimiento que alumbra otro retrato intimista. Te felicito.
    …un perfecto sueño…
    Hoy más en el pozo que nunca…

    Comentario por Invisible... — 4 septiembre 2008 @ 8:10 pm

  6. Ánimos Invisible. No hay pozo insalvable.

    Si me necesitáis para lo que sea podéis contactar conmigo por e-mail. Estoy a vuestro servicio.

    Comentario por quieroserpoeta — 6 septiembre 2008 @ 4:53 pm

  7. No existe un rumbo adecuado sin vela, ni vela que soporte el peso de las palabras.

    Aunque las palabras son sólo palabras, pesan más que el aire.

    Salu2

    Comentario por PEtEr — 10 septiembre 2008 @ 6:15 pm

  8. Gran verdad acabas de decir, maestro de maestros. En mi barco sin velas siempre habrá un gran banquete y cerveza por cuenta en tu honor 🙂

    Comentario por quieroserpoeta — 10 septiembre 2008 @ 9:58 pm


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