La canción del navegante

3 septiembre 2008

El cíclope y las estrellas

Filed under: Textos — quieroserpoeta @ 12:06 am
Tags: ,

Una noche serena de verano, la cúpula celeste bajo los campos baldíos, una colina, piedras, viento. Y en medio de la escena está él, el cíclope, cabizbajo, condenado al ostracismo de un silencio cruel que le separa de una Luna siempre hermosa a pesar de su cuarto menguante.

Sentado a la intemperie, como tantos sábados viene haciendo, maldice su suerte por ser incapaz de establecer una conversación con la emperatriz del infinito firmamento. Ella ya no le presta la atención de antes, ella parece más indiferente, menos radiante, más fría y gélida que un glaciar o un iceberg. Aunque sigue acompañándole a él en el desvelo de sus madrugadas de fin de semana.

El cíclope ama a la Luna, la anhela desde hace meses atrás, profesándole un sentimiento tan poético como imposible. ¿Qué esperanza tiene un ser tan imperfecto como él de contar con los favores de la musa eterna de miles de escritores y jóvenes enamorados?

El tiempo transcurre impasible. Ella contempla al cíclope, sentado sobre su roca allá en lo alto de la colina, humilde y desdichado como se ve. Ella sabe de su reserva pero no le ayuda en modo alguno. Su orgullo y coquetería es la frontera que le separa de él, si bien procura no faltar a la cita que semana tras semana se viene repitiendo. Lo cierto es que gobernando su bóveda se siente desamparada. Sabe que muchos la persiguen pero al final todos la abandonan. Ninguno es fiel, ninguno se interesa realmente por ella. Incluso los astros notan la falta de cariño.

Él piensa para sí: “No puedo, no sé cómo dirigirme a ella, no sé hacerlo”. Acto seguido alza la vista, le dedica una breve mirada con su único ojo y no abre la boca: “Lo siento, lo siento de veras”. Ella, entre sombras, sigue luminosa. Ha podido leer el pensamiento de él y se entristece, disimulando su pesar.

Resignado el cíclope otea el horizonte, en la tierra, en las flores resecas que quedan a su izquierda. Su mente salta de objeto a objeto hasta centrar su atención en una minúscula estrella: “Es bonita. Sin embargo no destaca entre las demás”. Y con su vista busca otra, y luego otra, y otra más. Hay millones de ellas, infinitas estrellas que brillan pasando desapercibidas.

Estrellas que jamás recibirán homenaje alguno de un poeta soñador, estrellas que no saben lo que es tener quien las vele, estrellas sin amor ni versos que las recuerden. Tintinean, resplandecen, brillan y bailan del ocaso al amanecer y nadie nota su presencia individual. Lucen como grupo anónimo, sin más.

La sola idea de la sempiterna soledad a la cual están abocadas estas pobres luciérnagas celestes hace que el cíclope sienta pena por ellas. Él se incorpora, se levanta de su asiento improvisado y comienza a descender de la colina a los cultivos ya cosechados. Emprende un leve paseo durante el cual comienza a señalarlas una a una con el índice de su enorme mano derecha: “Tú eres linda por la delicadeza de tus destellos y tú siendo lucero das vida a la noche. Tú pareces delicada cual rosa de primavera y tú, en tu pequeñez, te muestras cándida y pura”.

Dedica palabras a cientos de estrellas y ellas empiezan a refulgir con una fuerza hasta entonces desconocida. Están felices ante el desfile de elogios y piropos que el tosco cíclope les dedica. Saben que mañana volverán a su melancolía pero ahora, esa noche, son reinas cada una de su propio fragmento del universo. La luz que desprenden lleva en sí un eterno agradecimiento a su inesperado benefactor.

Tras una hora o dos él se detiene sonriente ante el espectáculo que ha orquestado. Ha olvidado la congoja que le oprimía el pecho. “Va siendo hora de volver a la cueva”. Sabe que falta poco para el amanecer y que las estrellas deben retirarse ya. Mira por última vez a su Luna. Ella, rodeada de blancura plateada, siempre flotante en la distancia, le regala un manto de rayos que le cubrirá en el camino de regreso al hogar.

Ya por la mañana el cíclope entró en su casa silbando, se echó como de costumbre sobre la paja y pensó: “Ha sido una gran madrugada”. Y se durmió.

Anuncios

7 comentarios »

  1. Dedicado a todas esas estrellas que noche tras noche no tienen quién les dedique un simple elogio.

    Comentario por quieroserpoeta — 3 septiembre 2008 @ 12:17 am

  2. Me ha encantado.Me ha puesto sensible.Precioso.

    Comentario por S. — 3 septiembre 2008 @ 10:19 am

  3. me ha gustado mucho. saludos

    Comentario por vegetableman@ — 3 septiembre 2008 @ 1:32 pm

  4. Muchas gracias por el apoyo. Va por vosotros. Abrazos a punta pala 🙂

    Comentario por quieroserpoeta — 3 septiembre 2008 @ 6:02 pm

  5. ¡Qué bonito! Qué sentimiento de soledad… Se me ocurren bastantes cosas, pero sólo te comento dos:

    – Acuérdate que no se “procesa amor, odio”, sino que se “profesa”, por lo tanto “procesándole un sentimiento tan poético como imposible” tendría que ser “profesándole”.

    – Por otro lado, una curiosidad. “Sempiterno” es algo que tuvo un comienzo, pero que ya no tiene fin. “Eterno” es algo que no tiene ni principio ni fin.

    Saludos

    Juan Luis

    Comentario por Juan Luis — 9 septiembre 2008 @ 2:03 am

  6. Gracias Juan Luis. Lo de “procesar” lo he cambiado, no estaba bien escrito. Sobre lo de “sempiterno” le he estado dando vueltas y lo dejo tal cual. Hay muchas ‘estrellas’ que no siempre se sintieron solas o no lo estuvieron desde el principio. Lo que ocurre es que el ‘firmamento’ agudiza esa sensación.

    Comentario por quieroserpoeta — 9 septiembre 2008 @ 8:22 am

  7. Estoy de acuerdo contigo, me gusta más “sempiterno”.

    Comentario por Juan Luis — 9 septiembre 2008 @ 6:37 pm


RSS feed for comments on this post. TrackBack URI

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s

Crea un blog o un sitio web gratuitos con WordPress.com.

A %d blogueros les gusta esto: