La canción del navegante

15 julio 2008

Héroe en la selva

Filed under: Reflexiones — quieroserpoeta @ 2:38 am
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Estaba en la cabaña del árbol comiendo plátanos cuando apareció mi mona mascota. Por sus chillidos y su forma de moverse me decía que había visto a un grupo de expedicionarios capturados por una tribu caníbal. Me incorporé, me puse a la mona en mi espalda y dando un grito enorme me lancé a la primera liana que tenía más a mano.

Mi mascota me indicaba con el brazo el camino que debía seguir para llegar a los exploradores. Un salto, otro, luego otro más. Llegué hasta un pequeño claro en la selva, me dejé caer con cuidado al suelo y proseguí corriendo a toda velocidad. Pisaba la hierba y las ramas con mis pies descalzos pero no sentía dolor alguno. La mona no cesaba de golpearme los hombros, pidiendo que fuera más aprisa. A saber si podría evitar que los caníbales almorzasen pierna inglesa a la parrilla.

Al llegar a una elevación del terreno oí voces tribales y tambores en la lejanía y vi una columna de humo por encima de la maleza. Decidí volver a encaramarme a las lianas para caer encima de ellos y sobresaltarles. Soy fuerte pero es posible que sean demasiados para mí. Salto tras salto alcancé el sitio de donde venía la música.

En la última liana observé un círculo de negros que danzaba alrededor de un gran fuego mientras dos de ellos colocaban unos grandes palos en ambos extremos de la fogata. A unos metros estaban atados al tronco de un árbol dos hombres maduros y una mujer joven, pálidos de pánico. Los hombres permanecían en silencio mientras la mujer lloraba, pataleaba y chillaba de impotencia: sabían que iban a servir de alimento al grupo de guerreros que ante ellos celebraba con cánticos la caza y posterior festín.

Calló el jaleo y se acercó a los prisioneros otro negro que por su atuendo sería brujo o algo parecido. Agarraba en la mano derecha un puñal de piedra. Se plantó ante el hombre más mayor, que aparentaba unos cincuenta años. Comenzó a declamar alguna clase de oración. Luego se calló y alzó el puñal, amenazante.

En ese preciso instante salí de entre las copas de los árboles y caí sobre él, tirándole al suelo. Los demás negros se sorprendieron. Mi mona empezó a chillar desde la copa y yo de un tremendo puñetazo noqueé al brujo, quitándole el puñal y lanzándolo entre la maleza. Comencé a proferir mi grito característico. Algunos guerreros intentaron rodearme pero uno tras otro los dejé fuera de combate a golpes, moviéndome como sólo sabe moverse una bestia furiosa. Retrocedí a la fogata y cogí uno de los enormes palos que estaban colocando. Con él derribé a cuantos se me acercaban. Ni lanzas ni escudos, nada podía detenerme, era invencible, casi tan fuerte como un gigante. De la treintena de miembros que tenía el grupo vencí a once o doce. El resto, al ver la suerte de sus compañeros, optó por huir selva adentro.

Cuando se hizo la calma desenfundé mi viejo puñal y corté la cuerda que sujetaba a los expedicionarios. Los hombres, pletóricos y exaltados, me hablaban en su idioma. Supuse que pretendían darme las gracias por haberles salvado la vida. La mujer se acercó a mi y se puso delante mía. Sobre sus hombros colgaba una gran mata de pelo oscuro. Era hermosa, de ojos vivarachos y rasgos bien perfilados. Me puse nervioso, no sabía qué iba a hacer o hacerme. Ella, al momento, me besó.

*    *    *

Me desperté del sueño y vi que estabas a mi lado, en la cama. Te miré durante un rato y comprendí que las lianas en las que me balanceaba eran los mechones de tu pelo; comprendí también que la selva frondosa en la que me movía era en realidad la piel de tu cuerno desnudo, ahora resplandeciente por la luz de la mañana; comprendí que esa mujer que me besó eras tú, que sin previo aviso te colaste en mi sueño; y sé que ahora, dormida, dulce como eres cuando descansas, preparas algo con lo que volverás a hechizarme y entrar en mis pensamientos, en mis noches, en mi vida. Porque al fin y al cabo cuando estás conmigo me siento tan fuerte y vigoroso como Tarzán. O incluso más.

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1 comentario »

  1. Cada día mejor, madre mia que poeta.BESOS

    Comentario por INES — 16 julio 2008 @ 1:11 pm


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