Me dijiste que no
y de mis ojos surgieron lágrimas;
de mi boca, gritos de dolor;
y mi corazón empezó a sangrar,
sangre por todas partes,
sangre a borbotones.
Me dijiste que no…
Amargura, dolor, desesperación,
tristeza, agonía, melancolía,
en definitiva, desesperación.
¿Por qué?, me pregunté, ¿por qué?
Lloré y sangré,
y mis ojos se secaron de lágrimas
y mi corazón se quedó sin una gota de sangre.
Dolor, sólo dolor, ¿y por qué?
Soy el no que ansía el sí,
que se conforma con un tal vez
y que busca el cómo, el cuándo
y el por qué.
Mi corazón hueco sigue unido a ti,
un hilo de infinitud que nunca recorreré,
un camino oscuro que no atravesaré,
un amanecer tenue que no llegaré a ver.
¿Y por qué? Quizás no sea el no,
el no que ansía el sí.
Creo que soy la pregunta,
la pregunta que flota en el aire y no halla respuesta,
la duda que existe sin tener un fin,
sin tener a nadie que la aclare.
Me pregunto y no me respondo,
y te amo, ¿por qué?
¿por qué?, ¿por qué?






