Un terreno en medio de la nada y tú. Te veo. Nos separan pocos metros. Me pareces bellísima. Quiero acercarme, quiero que hablemos. Comienzo a caminar hacia ti y tras dar dos o tres pasos tropiezo con algo y caigo de bruces. Más que dolor siento confusión: ¿contra qué he chocado?
Me incorporo y extiendo a tientas los brazos. Toco una superficie gélida, como de hielo. La sensación térmica se me hace desagradable al tacto. Aguzo la vista, escudriñando eso que está enfrente de mí y que palpan las yemas de mis dedos. Es una especie de muro, un muro transparente, casi invisible. A mi derecha e izquierda no distingo con claridad los límites de la barrera que me separa de ti. Parece no tener fin. Elijo andar hacia mi izquierda sin separarme del muro. Seguro que hay algún límite. Tarde o temprano daré con él.
Pasan las horas, me voy alejando paulatinamente y sigo sin hallar ni un hueco, ni una puerta de salida. Lo extraño es que por más que me desplazo tú no dejas de estar delante de mí, a escasos metros de distancia. He empezado a mover las manos arriba y abajo, tocando en todo momento la superficie helada. Diría que no es plana sino curvada, posiblemente cóncava. Miro hacia arriba. Tampoco veo el límite superior de la barrera pero por su forma juraría que se inclina un poco sobre mí. Decido detenerme y pensar.
Una duda me asalta: ¿y si el muro no fuera tal? ¿Y si no tiene principio ni fin porque no es una barrera plana y horizontal? ¿Y si en realidad el muro es una cúpula? Tiene sentido: estoy encerrado en el interior de una cúpula inmensa, tan grande que no he hallado su final hasta hoy, hasta que he deseado aproximarme a ti y conocerte mejor.
¿Quién me ha metido en ella? ¿Por qué razón está tan fría? ¿Es acaso de hielo? Hago memoria de lo ocurrido en lo que va de año, de cómo me he ido relacionando con el entorno desde hace meses atrás: me he encerrado en mí mismo, poco a poco, segundo tras segundo. Yo he creado la cúpula, yo me he metido en ella para protegerme del resto de la humanidad, del paso de los recuerdos. El hielo que la forma no es tal: es mi soledad. Dentro de la cúpula no hay dolor, no hay pena, no hay nada que me dañe. Y tampoco hay nada que me haga sentir vivo.
Tomo una firme decisión: he de salir de aquí, he de romperla, destruirla como sea. Ya he estado demasiado tiempo encerrado. Debo salir, ¡debo salir! Si no lo consigo me moriré de hastío.
Golpeo la superficie con todas mis fuerzas: patadas, puñetazos, empujones con el hombro. Cada embestida hace tronar el aire con un ruido sordo. La desazón ha sido reemplazada por furia, auténtica furia: voy a penetrar la cúpula sea como sea. Los nudillos empiezan a sangrar, los pies me duelen, me estoy desollando las rodillas, los hombros están a punto de fracturarse. Nada. No cede, no cede…
Horas después desisto. Me apoyo con las manos magulladas y ensangrentadas sobre la barrera. Estoy encarcelado dentro de mi propia fortaleza. No puedo salir, nadie puede sacarme. Es terrible.
Me dejo caer al suelo, poniendo mi espalda contra el hielo. Me acurruco, lleno de tristeza y desesperanza. Nunca más podré saber lo que es sentir. Nunca. Es un destino tan cruel que a base de pensarlo me pongo a llorar en silencio.
No, no puedo rendirme, debo tranquilizarme, debo pensar. Si yo he creado esta defensa perfecta entonces yo puedo destruirla. Seguro que sé cuál es su punto débil, debo haberlo olvidado.
Me levanto y observo la superficie que he aporreado, ahora sanguinolenta. Veo algo. Me acerco al hielo y lo analizo. ¡No puede ser!, creo que puedo distinguir…una pequeña grieta. ¡Se está agrietando! Definitivamente voy por el buen camino. Sin embargo no puedo seguir con los golpes. Me haría daño de verdad. Ya tengo la piel de puños, rodillas y hombros hecha trizas. He de encontrar otra forma de salir de mi prisión. Queda un rayo de esperanza.
Dentro de la grieta veo una hendidura. Entre ella podría colar algún papel. Te miro. Tengo tanto que decirte. Si te lo dijera seguro que el hielo se derretiría. Volvería a ser libre, volvería a ser humano. Un papel, una vía hacia la libertad. ¿Y si…?



